El monasterio de San Lourenzo de Carboeiro, situado en la parroquia de Santa María de Carboeiro, a orillas del río Deza, es una de las grandes joyas del románico gallego y un destacado ejemplo de la transición hacia el gótico. Fundado en el año 936 por los condes Gonzalo Betote y Tareixa Eiriz sobre los terrenos de un ermitaño llamado Egica, el cenobio se convirtió desde sus inicios en un importante centro religioso bajo la protección del rey Ramiro I de León. La iglesia, construida con planta de cruz latina, cuenta con tres naves, crucero y una cabecera con tres ábsides radiales. Destacan elementos arquitectónicos inspirados en el románico compostelano, como la decoración vegetal de los capiteles, la cripta bajo la cabecera, resultado de la pendiente del terreno, y el pórtico principal con los veintitrés ancianos del Apocalipsis, que evocan la influencia del Maestro Mateo y la Catedral de Santiago. Durante los siglos XII y XIII el monasterio alcanzó su época de mayor esplendor bajo la dirección del abad Froila y posteriormente del abad Fernando, quien amplió la iglesia entre 1162 y 1192. En esta época Carboeiro gozaba de gran poder económico y social, y pertenecía a la orden de Cluny, consolidándose como una de las abadías de más relevancia de Galicia. La riqueza del monasterio se reflejaba tanto en sus propiedades como en la calidad de su arquitectura, que combina la fuerza expresiva del románico con las primeras influencias del gótico. A partir del siglo XVI comenzó un prolongado periodo de decadencia, marcado por conflictos internos y una gestión poco favorable que culminó con la relegación del monasterio a priorato en 1500 por orden de los Reyes Católicos. Posteriormente, fue utilizado como lugar de reclusión para monjes en 1794 y finalmente abandonado tras la desamortización de Mendizábal en 1836. En las últimas décadas, el conjunto ha sido objeto de importantes trabajos de restauración que han permitido recuperar su valor histórico, artístico y arquitectónico. Su emplazamiento, aprovechando el meandro del río Deza, convierte la visita en una experiencia única donde historia, arquitectura y paisaje se funden en uno de los enclaves más impresionantes del interior de Galicia.