La iglesia parroquial de San Xiao de Guimarei es el resultado de un largo proceso histórico que refleja la evolución de la parroquia y de su comunidad a lo largo de los siglos. El templo actual no es el primero que tuvo la parroquia, sino el tercero, ya que existieron otros dos edificios anteriores situados en diferentes lugares del territorio parroquial. La necesidad de levantar una nueva iglesia surgió cuando el templo precedente comenzó a sufrir graves problemas de humedades y filtraciones, provocados por la cercanía de una presa, lo que amenazaba seriamente su estabilidad y obligó a tomar la decisión de trasladarlo a un emplazamiento más adecuado. La construcción del nuevo templo fue encargada al maestro de cantería Andrés Fontaíña, y la iglesia fue bendecida en el año 1709, en plena época barroca. Para reducir los costes, se acordó desmontar el antiguo edificio y reutilizar su cantería en la nueva obra. La financiación corrió en parte a cargo del párroco de Guimarei, de los señores de la Torre de Guimarei y del marqués, cuya implicación fue tan relevante que llegó a ser enterrado en el interior del templo, donde también se conserva su escudo de armas como testimonio de su mecenazgo. A lo largo del siglo XIX, la iglesia volvió a ser objeto de reformas, especialmente en 1860, fecha que quedó registrada en una inscripción latina conservada en el edificio. En ella se recuerda la reedificación del santuario y se invoca la protección divina sobre la obra. Este epígrafe no solo aporta una referencia cronológica precisa, sino que también pone de manifiesto el cuidado y la atención que la comunidad de Guimarei ha dedicado a su iglesia, consolidándola como un elemento central de la vida religiosa, histórica y patrimonial de la parroquia, que hoy permite al visitante comprender mejor la historia y la identidad de Guimarei.
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